Por qué no habrá pensiones

_DSF6573Tan nocivo para el Sistema de Protección Social es que el Gobierno se niegue a adoptar medidas para salvar la Seguridad Social como lo es el descreimiento y la falta de confianza de los jóvenes y trabajadores de mediana edad, quienes dudan seriamente de que vaya a haber pensiones.

Ciertamente, la alternativa al camino sin salida –“atzucac” que diríamos en catalán y que lo define con mayor contundencia- en el que nos encontramos los ciudadanos es la de no repetir la historia.

Esta crisis nos ha demostrado que no todo es blanco o negro. Y, por tanto, sabiendo que la derecha es implacable con sus intereses, los ciudadanos no debemos resignarnos a sus mandatos y, en consecuencia, tampoco podemos hacer dejación de nuestras obligaciones como sujetos de derechos civiles. Igual que tenemos la obligación ética de ir a votar, tenemos el derecho a exigir un futuro cierto.

Cuando hablamos del Estado de Bienestar -con mayúsculas- nos referimos al eje vertebrador consolidado de la sociedad a lo largo de 40 años. Eje cohesionador que ha permitido sentirnos protegidos en momentos de dificultad o en momentos en que no tenemos posibilidad de proseguir con nuestro proyecto personal, cosa que ocurre, al llegar a la edad de jubilación, al sufrir una discapacidad que nos impide el trabajo o cuando fallece la persona que proveía de los ingresos únicos o mayores al núcleo familiar, si no tenemos recursos del sistema público de pensiones.

Recientemente, en unas jornadas con la JSC (juventudes del PSC) tuve la posibilidad de compartir impresiones e ideas sobre lo que representa el sistema de Seguridad Social para nuestro presente y futuro. Me expresaron su lejanía al respecto. Cuestión preocupante si tenemos en cuenta que esa lejanía podía representar el descreimiento en el propio sistema y una percepción sobre una futura e inevitable desaparición. Estuvimos debatiendo sobre el futuro del mismo y sobre su necesidad. “Mañana mismo, podríais tener un accidente yendo al trabajo, con la mala fortuna de sufrir una incapacidad invalidante para toda la vida. ¿Qué esperáis que ocurra con vuestro proyecto vital si no tenéis un sistema de protección que os dé respuesta en momentos de debilidad personal?”. Ese es un ejemplo. Hay muchos más que nos demuestran que la apuesta decidida por el Sistema de Seguridad Social, con una contribución solidaria de hoy, tanto a través de cotizaciones sociales como de la contribución del Estado mediante transferencias de los presupuestos, es el futuro solidario de muchas generaciones.

Ciertamente, la preocupación y viabilidad por el Sistema como tal y, por supuesto, la imposibilidad de percibir una pensión en el futuro es tan nocivo como que el actual gobierno del PP no dé ninguna solución a los problemas que aquél tiene planteados.

Hace relativamente poco tiempo, un medio de comunicación me rechazó un artículo con el argumento que las pensiones no venden. Y es cierto, en parte, que el sistema público de pensiones no vende. Salvo si cuestionamos su viabilidad. En ese caso los titulares de un gran número de medios de comunicación sí venden. Es cierto, se ha instalado en el imaginario colectivo la idea de que el Sistema no es viable. Esa es la estrategia que lleva el inmovilismo del PP. Ese es el tema. Honestamente creo que ante la beligerancia de la derecha contra lo público no nos tenemos que aquietar. Ni siquiera tenemos derecho para hacerlo. La socialdemocracia debe rebelarse ante el destino que la derecha está construyendo sibilinamente.
Ciertamente, las pensiones se viven como una cuestión de los mayores. O peor, como un lujo de nuestra democracia. Como una ocurrencia cara e insostenible que tuvieron estos socialdemócratas. Y no es así.

Nuestro Sistema de Protección Social, porque es nuestro, nos concede el orgullo de haber construido una sociedad solidaria y comprometida por su presente y futuro. Y, por ello, se hace imprescindible mantener y mejorar un Pacto intergeneracional que selle el compromiso entre los más jóvenes, los de mediana edad y los mayores.

Y ese es, precisamente, el reto. Si perdemos la confianza en nuestras posibilidades de cambiar nuestro futuro, la derecha gana y no habrá ni Sistema de Protección Social ni, por tanto, pensiones. Por el contrario, tendremos un futuro cierto si somos capaces de vivir el sistema como nuestro y nos obligamos absolutamente a no hacer dejación de nuestras obligaciones y a exigir a nuestros poderes públicos que apuesten por su reconstrucción.

Esa es la apuesta que creo que debemos hacer como sociedad. Mirar hacia otro lado no tiene sentido. No nos podemos resignar a andar un camino que no vaya a ninguna parte.

Por el contrario, y hoy más que nunca, tenemos la obligación de exigir un futuro que nos permita encarar un camino para nuestra generación, la que nos precedió y las futuras. Sobre todo, las futuras.

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